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HUMANIDAD

La historia de la sobreviviente que probaba los platos de Hitler para evitar envenenamientos

Es lógico pensar que Adolf Hitler temiera constantemente que alguien quisiera hacerle daño. Y como no sabía cuándo ni cómo podía ocurrir, tomaba algunas precauciones. Por si alguien intentara envenenarlo, el Führer contaba con quince mujeres que probaban su comida antes que él. De esas quince solo una sobrevivió: Margot Wölk

“La catadora”, es la biografía novelada que publicó la escritora italiana Rosella Postorino, en la que cuenta la historia de la única sobreviviente de este suplicio. Durante dos años, tres veces al día, en el desayuno, almuerzo y cena, Wölk debía darle un bocado a los manjares que ingeriría Hitler y que escaseaban en el resto de Alemania, a sabiendas de que podía ser el último.

Las mujeres recibían el plato y los soldados las obligaban a probarlo, para luego llevarle la comida al Führer. El líder del nazismo no era vegetariano por su amor a los animales —aunque tenía una especial simpatía por los perros—, sino porque su organismo no lograba digerir con facilidad la carne. Tenía indigestión, flatulencia y fuertes dolores estomacales. Todo esto potenciado por el consumo de pastillas.

Una vecina de “la catadora” –que falleció a los 96 años, justo antes de reunirse con Postorino- le contó a la escritora durante su investigación para la novela, que era una persona difícil en la mesa: “Comer, el gesto principal que hacemos todos para poder vivir, se había visto alterado a partir de ese momento por la experiencia de haber sido catadora de Hitler y eso no lo podría superar nunca"


Fuente: Infobae

Imagen: Shutterstock